Primer Acuerdo

Abd Al-Ahad
3 min readJul 12, 2023
Imagen de <a href="https://pixabay.com/es/users/gaimard-10324218/?utm_source=link-attribution&utm_medium=referral&utm_campaign=image&utm_content=4595974">Jacques GAIMARD</a> en <a href="https://pixabay.com/es//?utm_source=link-attribution&utm_medium=referral&utm_campaign=image&utm_content=4595974">Pixabay</a>

Acordemos nuestra diferencia, para vivir en paz y procurar la propia felicidad, sea lo que sea que signifique para el mundo: para el individuo y para la sociedad.

La muerte no podrá ser considerada jamás un castigo para ser viviente alguno.

La sociedad se origina con la dualidad y la prole de quienes se unen.

Por más desigualdad que creamos tener entre nosotros, la diferencia real es el sufrimiento que llevamos dentro, por no saber que somos uno. Aunque suplanten la atracción, no se suplantará el amor; aunque suplanten la matriz, al abrir los ojos habrá un resplandor, aunque seamos multitud y mutemos de dioses a cifra estadística, acordaremos no despreciar la vida aunque se dude de un creador, y sea coronada con la mayor dignidad, sobre cualquier valor de convenciones políticas, por encima de las defensas que superan la intelectualidad.

Los que desean y los que no, ocupamos el mismo espacio en la naturaleza, un momento en el universo, una pizca sobre un grano de tierra, que ahora la hacemos territorio donde izamos banderas en vendetta, no para compartir su riqueza, sino para crear en otros la pobreza que no nos deseamos, luego, agrandar el ego hasta que no quepa, marcar fronteras de discriminación y provocación de guerras morales.

Hermanos somos de la misma madre, la Pacha Mama parió y parirá a todas las especies, y ese vínculo no podremos destruir, por más ignaro que sea el insolente, por más astuto que sea el delincuente, por más subversivo que suene el inteligente, nuestra madre nos oculta al padre, al adolescente abre las puertas del camino y nos limita hasta dónde podemos huir.

A nuestra madre pedimos permiso para vivir y dejar vivir, luego ella nos muestra las condiciones en la razón y aunque para algunos esto representen aflicciones en el corazón, se ha de saber que es nuestro escenario para redimir y perdonar, para no dividirnos en la multiplicidad y seamos uno en lo espiritual.

Todas las expresiones de los seres pensantes son identidad de las naciones: el alimento, el vestido, la ciencia y la poesía, todo aquello que un filosofo diría, resultan de formas de percepción por las que no se debe odiar, no se denigrará la dignidad del pensante por pensar, ni por no saber lo que esperamos que sabría.

Que quede en manos de las sociedades la construcción de la moral y los mecanismos para alcanzarla sin fortunas. Que se allane el camino para que todos tengan igualdad de condiciones en recorrerlo, que se alcancen nuevos estados de bienestar para ver más allá del que más pueda verlo y en cada estadio soñar con una moral más pura.

Que las normas no disminuyan la ética del ser, no obstante la singularidad de la biología, no obstante la distinción del pensamiento. Que se reconozca la ambigüedad en todo: sepamos que los sentidos no son nubes en sequía, y las ideas y la consciencia también son materia del primer aliento.

Que se descubra la razón, para valorar al ser humano y juzgar a la sociedad. Que se corrijan los errores provocados por el experimento de la convivencia y se pida perdón por la despiadada atrocidad. Pidamos amor de quien aún no tiene la capacidad y serenidad para esperar sin obligar a que otros vivan la vida que no somos capaces de brindar.

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Abd Al-Ahad

Abd Al-Ahad seudónimo de Abraham Elías Jattin Mangones. Nacido en la ciudad de Lorica, Córdoba, Colombia.