Con Humildad

Abd Al-Ahad
2 min readJan 5, 2023

Dejé de ser concebible prima facie tras los dilemas que provoca el amor
Tus encantos pasajeros ignoran mi valía para crear pretextos varados en el pasado,

que ocupan espacio donde no lo hay,

que ocupan tiempo que nadie recordará.

Alguien en el puerto interrumpió su conversación cuando se percató de mi paso próximo
Cual si fuera una borrasca, no suscitó mi presencia sentimientos en ningún corazón
Sólo la pausa incómoda que expecta dudas, desconfianza
La misma que separa al pensamiento del pensante, la que separa al pensante de la eternidad.

Sólo pasé, como la brisa, porque no se posaron las miradas en mis ojos, sin expresiones de deseos de buen destino, de feliz arribo, de pronto retorno.
Sólo pasé sin decir adiós, porque no es mi deseo despedirme.

Dejé de ser virtud en este mundo, antes del amanecer de los necios
El sueño que transformó el éxtasis en alegría paranoica los sometió al engaño irruptivo de las ondas lentas en una falsa realidad
Ahora, observan cosas ajenas como si provinieran del desamor
Y a mí, me desprecian para apoderarse de ellas, acaso existen descuidos de su creador.

Me convertí en la compañía que nadie anhela
Algún beneficio traerá para mí, ignoro cuál, en tanto es comprensible pero indescifrable
Sólo tengo la certeza del beneficio, porque intento, sin éxito, llorar la soledad en medio de la serenidad del corazón.

Me convertí en la utopía de los sabios que observan el mundo sin conmoverse
El pegamento que mantiene unidas las nociones egoístas de aquellos que no toleran a los demás
Soy un discurso banal que no se aplica a nada en concreto
A quien no se extraña, ni se recuerda, la arena bajo los párpados, la cualidad, la tormenta que descarga virtudes, pero ninguna de ellas.

Dejé mis huellas una madrugada en el desierto beduino cuando me expulsaron del edén
Aún hoy, se aprecia el relieve señalando el camino que transité hasta aquí
Huellas que siguen los despojados al recibir el beneficio de una mano invisible
Las que siguen quienes emprenden con sus hijos el destino que traza el firmamento hacia la ciudad donde los líderes se someten
Las mismas huellas que quieren borrar los que agonizan en la soberbia de los decentes.

Seguí mi paso, como la brisa
Sin responder preguntas que nacen de las diferencias
Llegué a los oídos como el silbido de un vals que apacigua las ausencias de la razón
Sólo fui en mi paso, la fuga de una secuencia cíclica que zanjó la incertidumbre de vivir.

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Abd Al-Ahad

Abd Al-Ahad seudónimo de Abraham Elías Jattin Mangones. Nacido en la ciudad de Lorica, Córdoba, Colombia.