Acerca de “Llora la muerte” del poemario Cartas que son poemas.

Abd Al-Ahad
3 min readAug 17, 2021
Imagen de Stefan Keller en Pixabay

Para algunos la sensibilidad es debilidad, para otros es un portal que asoma las almas a dimensiones diáfanas, en las que no se distingue nada de lo que acostumbramos a señalar con un dedo justiciero, cada vez que intentamos ser buenos a la luz de nuestros propios ojos defectuosos. ¿Quién mira la viga en su propio ojo?

Un día, levanté la mirada, como el Príncipe Feliz, por encima del muro que me resguardaba de la maldad: los seres queridos no construyen muros más altos que el deseo mundano de libertad, que en realidad es el deseo ególatra de apoderarse del mundo; y observé lo que hay en los corazones de quienes sufren y en los corazones de otros quienes ven sufrir, a veces con impotencia, a veces con indiferencia y otras veces con placer.

Me sorprendí: ¡Tomaron a la muerte de mercenaria! creyendo que no se detendrá nunca para reflexionar sobre su infame acometida. Pero la vi llorar. Estaba junto aquellos sin aliento que se dieron por vencido, como si un veredicto maldito acabase con toda esperanza de redención. Como si la sumisión de todo acto de voluntad hubiese callado las lágrimas y de paso el dolor, que provoca la inmisericordia del mundo. Aún me sorprende lo apartados que nos encontramos de perdonar, de ayudar, de alivianar el equipaje que nos acompaña y que como faraones queremos llevar hacia otra vida, mas en el trasegar no se funde el alma con el oro, ni nada más.

Vivimos atrapados en sistemas que a diario nos alimentan de las retribuciones que pagamos a la muerte para que masacre fragilidades, y los escudos morales que los resguardan no son más que faralá al examen de la virtud. Los instrumentos para gobernar no corresponden a aquellos que se anhelan para convivir. Los instrumentos de la fortuna no corresponden a aquellos que deseamos para ser felices. Los resultados secos de la intelectualidad no se parecen al jugoso néctar de la sabiduría. Hacemos enemigos al desarrollo y la prosperidad, a la plusvalía y al bienestar, a los derechos y la igualdad, a la economía y la sostenibilidad, al ser humano y la naturaleza. Nos convertimos en hábiles expertos para desarreglar con elegancia la perfección de la creación y convencer a los recién llegados de que no hay defectos en nuestros artefactos y artilugios.

Llora la muerte junto a nuestras víctimas, pero también llora cuando se perdona, cuando se ama y se desea el bien que propendemos para nosotros mismos al reconocernos como transeúntes en esta tormentosa existencia. Sufre la muerte con el sonido de un nuevo llanto que se revela ante la maldad, como se abre la rosa entre las espinas. Sufre cuando ve un vientre enaltecido de vida, porque sabe que habrá un verdugo para ella y dentro de ella, porque sabe que su misión no será completada jamás.

Aún me importan las flores del jardín que cultivo y siento llorar la muerte cuando respiro retoños de amor”.

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Cartas que son poemas. Disponible en Apple Store: http://books.apple.com/us/book/id1574564429

Cartas que son poemas. Disponible en medio impreso: https://www.autoreseditores.com/libro/18981/abd-al-ahad/cartas-que-son-poemas.html

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Abd Al-Ahad

Abd Al-Ahad seudónimo de Abraham Elías Jattin Mangones. Nacido en la ciudad de Lorica, Córdoba, Colombia.